Guillermo Martínez nunca apagó la velita de la Selección Nacional

Guillermo Martínez llegará al Mundial con 31 años, una cicatriz de operación y cinco años de segunda división encima. El delantero de Pumas es la sorpresa de la lista de Javier Aguirre y la historia más improbable del futbol mexicano rumbo a 2026.
Guillermo Martínez pasó 5 años en segunda división en México, su oportunidad de jugar una Copa del Mundo llegará a sus 31 años.
Guillermo Martínez pasó 5 años en segunda división en México, su oportunidad de jugar una Copa del Mundo llegará a sus 31 años. / Esteban Méndez

Guillermo Martínez llegó al mundo el 15 de marzo de 1995 en Celaya, Guanajuato, con la estatura de los hombres que el futbol necesita pero rara vez sabe qué hacer con ellos. Un metro noventa, delantero centro, zurdo, con olfato de goleador y que sabe hacer goles de cabeza en el área, que pasó la mejor parte de una década convenciéndose de que quizás el futbol no lo necesitaba a él.

Entró a las fuerzas básicas del Pachuca en 2009. Debutó en primera división en el Clausura 2015. Después se fue apagando, torneo a torneo, equipo a equipo: Lobos BUAP, Coras FC, Chivas —dos partidos, un título de Liga que cargó desde la banca del Clausura 2017—, Mineros de Zacatecas, Cafetaleros de Chiapas, Celaya. La ruta de los que el futbol grande aún no ve. "Muchas veces quería desistir", dijo antes de esta concentración. "No sabía si estaba haciendo lo suficiente o si era lo suficientemente bueno para merecer una oportunidad".

La respuesta llegó en la Liga de Expansión, donde sus goles —siete, ocho por torneo— empezaron a iluminar algo. El Puebla lo recogió en el Guard1anes 2021 y ahí sí: 91 partidos, 23 goles, cinco asistencias con la Franja. En el Apertura 2023 anotó 11 veces en 20 juegos y el mercado se peleó por él. Chivas entró tarde a la puja. Pumas se lo quedó para el Clausura 2024. "Siento que llegué a un mundo nuevo", dijo entonces. "Es un reto muy lindo. Sé la responsabilidad que es defender este escudo".

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Memo Martínez pasó por la segunda división, una cirugía y el cuestionamiento de medio país antes de ganarse un lugar
Memo Martínez pasó por la segunda división, una cirugía y el cuestionamiento de medio país antes de ganarse un lugar en el Mundial en casa. / MexSport Sports Agency

En CU encontró a Efraín Juárez. Un técnico que también conoce el camino largo, que también supo lo que es esperar y no desesperar, que construyó en Ciudad Universitaria algo parecido a una filosofía: trabajo al milímetro, exigencia física sin concesiones y la convicción de que el detalle mínimo es donde los partidos se deciden.

Guillermo Hamdan Zaragoza, el preparador físico del cuerpo técnico universitario, empujó al Memote hacia versiones de sí mismo que no había explorado. "Hay momentos donde uno cuando le hacen ese cambio de repente es muy agotador", admitió en zona mixta de la Selección Mexicana, "pero si algo tengo es mucha paciencia y mucha entrega".

Y entonces llegó la lesión. Una cirugía. La incertidumbre que sólo conocen los que han estado ahí: el quirófano, la recuperación interminable, los días contando semanas y las semanas contando meses, sin saber si el cuerpo va a responder de la misma manera. "Cuando te operas, el hecho de cómo voy a regresar... siempre te queda esa incertidumbre", confesó, sin dramatismo, con la sobriedad de alguien que ya aprendió a nombrar el miedo sin que le paralice.

Lo que lo sostuvo en ese período, dice, no fue un plan de recuperación ni una hoja de objetivos. Fue algo más sencillo y más hondo. "Creo que va por ese lado... te lo puedo resumir en una sola palabra y fue Dios. Ahí fue donde yo encontré mucha fortaleza".

En el Clausura 2026, ya recuperado, Martínez sumó cinco goles en 15 partidos con apenas tres arranques como titular. Entrar desde la banca y decidir. El rol del jugador que no necesita noventa minutos para cambiar una historia.

El Vasco Aguirre lo observó. Lo vio con los metros que un equipo necesita cuando el marcador aprieta y hay que buscar un balón que nadie más va a ganar en el aire. Y entonces lo incluyó en la lista de los doce jugadores de Liga MX con lugar sellado en la nómina definitiva para el Mundial.

Cuando le avisaron, estaba con su familia. Le dijeron que tenían una noticia. Él preguntó qué había pasado, sin imaginar. Entonces escuchó lo de la convocatoria y pasó algo que él mismo no esperaba de sí mismo. "Me salieron las lágrimas, no soy mucho de llorar", reconoció ante los reporteros en zona mixta. 

"Creo que eso fue de felicidad. O sea, de felicidad por todo lo que uno entrega, lo que uno deja, lo que uno sacrifica para poder estar aquí. Ese llamado fue como un abrazo. Como algo que me llenó el alma".

Su esposa también lloraba. Sus hijas, que todavía no alcanzaban a dimensionar qué significaba todo aquello, miraban a sus padres sin entender del todo. Entonces les empezaron a explicar. Y la mayor hizo lo que hacen los hijos cuando el lenguaje aún no les alcanza para lo importante: agarró papel y lápiz. Dibujó a su papá. Escribió dentro del dibujo lo que sabía, lo que sentía, lo que quería que él supiera antes de irse. "Papá, mucho éxito. Papá, siempre confío en ti", confesó Martínez con los ojos cristalinos.

Eso era lo más importante. Más que las listas. Más que los debates sobre si merecía o no merecía estar. "Muchas veces todos lo vemos. Fui muy cuestionado. Pero en mí nunca hubo duda. Nunca hubo una duda personal porque siempre confío en mí. Creo que tengo un gran equipo de apoyo que es mi familia y con eso me basta".

Efraín Juárez, que pasó por esta misma antesala mundialista desde otro ángulo —como jugador, como asistente, como discípulo de Ronny Deila en clubes europeos—, lo llamó antes de que se sumara a la concentración. La plática fue breve y directa. "Me dijo que lo disfrutara mucho", contó el Memote. "Que el profesionalismo que estaba demostrando allá lo llevara acá. Y creo que así ha sido, porque me considero una persona muy responsable y sobre todo sé dónde estoy parado". 

Dos hombres que se formaron en el mismo club, que comparten la misma certeza de que el trabajo sostenido eventualmente encuentra su recompensa, despidiéndose con unas palabras que valían más que cualquier instrucción táctica.

En el CAR, los periodistas le recuerdan que compite con Raúl Jiménez, con Santiago Giménez, con la Hormiga González —el otro delantero de Liga MX en la lista— y con Germán Berterame, que podría llegar desde el Inter Miami. Nombres que han hecho goles en diferentes torneos y que podrían estar por encima de su recorrido. Trayectorias internacionales. Él no entra al juego de las jerarquías.

"No es ganarle el puesto a nadie", responde. "Más bien es complementarnos todos para el beneficio de México. No importa quién vaya a jugar, no importa quién pueda anotar los goles. El chiste es llevar a México a lo más alto".

Habla del grupo como de una familia. Lo dice con la convicción de alguien que sabe distinguir entre lo que se dice por protocolo y lo que se siente de verdad. "Ciertamente se formó una familia porque todos vamos hacia la misma dirección". 

Javier Aguirre, dice, demanda perfección en todas las fases. No deja nada al azar. Trabaja lo técnico, lo táctico, lo físico con una meticulosidad que él reconoce y respeta. "No estamos representando a cualquier país. Representamos a un país muy grande y lo tenemos que llevar a lo exponencial".

Tiene 31 años. Lleva en el proceso de Selección Nacional desde 2023: nueve partidos internacionales, dos goles, incluyendo tres apariciones en la Copa América 2024. Suma 31 goles en 92 encuentros con la playera auriazul. Y todavía dice "nada está cerrado", como alguien que aprendió a la mala que los números no garantizan nada y que el futbol te puede dar la espalda sin previo aviso.

Cuando Javier Aguirre lo llamó para el Mundial, Guillermo Martínez lloró.
Cuando Javier Aguirre lo llamó para el Mundial, Guillermo Martínez lloró. No porque no lo creyera posible, sino porque llevaba doce años creyéndolo cuando nadie más lo hacía. / MexSport Sports Agency

Cerca del Azteca, donde México abrirá su Mundial el 11 de junio, Guillermo Martínez habla de familia, de fe, de no rendirse. Lo dice con la calma de quien ya conoce el fondo del túnel y sabe que tiene luz propia. "Yo siempre lo dije: mientras hay una velita prendida, me iba a aferrar a ella. Y me sigo aferrando porque todavía nada es seguro. Creo que con el favor de Dios es que estamos acá".

Lleva doce años corriendo hacia esa llama. El Vasco la encendió. Sus hijas lo saben. Efraín lo sabe. Y su esposa, que también lloró el día que llegó la llamada, lo sabe mejor que nadie. Esta vez ya llegó.


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Mario Palafox
MARIO PALAFOX

Editor SR en Sports Illustrated México. 25 años de experiencia en medios. Ha cubierto 4 Copas del Mundo, Juegos Olímpicos, Fórmula Uno, NBA, NFL.